Costa, valles y montaña de Cantabria leídos como capas de tiempo: la roca que fue fondo de un mar, la marea que aún da la hora, el aire quieto de las cuevas, los usos que ordenan prados y bosques y un helecho que sobrevive a un clima que ya no existe.
Veintiún lugares de Cantabria, del cabo de Ajo al valle del Saja, leídos desde una misma pregunta: cuántos tiempos caben en lo que se ve de un vistazo. Acantilados, marismas, cuevas, manantiales, prados pasiegos, hayedos, cascadas y un bosque de secuoyas, con un testigo vivo de climas muy antiguos: la píjara.
El libro que el mar va pasando de hoja
Los ojos por los que respira la roca
La roca que da la hora dos veces al día
El bosque de otro clima que se quedó en la roca
Los cinturones que la sal le pone a la marisma
El molino que molía con la Luna y ahora cuenta pájaros
El aire que no cambia de estación
El agua que tarda meses en llegar y un siglo en hacerse famosa
El castaño que lleva la cuenta de quienes lo cuidaron
El cielo que se enciende a media mañana
El puente que se puso un nombre más viejo que él
Los prados que se mudan de casa con la hierba
El bosque más joven es el que suena más antiguo
El lago que tiembla y guarda dos aguas
La cascada que cae desde una playa antigua
El muro que no levantó nadie
El helecho que sigue viviendo en un clima que ya no existe
El bosque en el que cada árbol tiene su propia edad
Los gigantes que tienen la edad de un abuelo
Los agujeros que el río taladra con sus propias piedras
La pradera que volvió al mar
Territorio
Ecosistema
Bosque atlántico húmedo