Laurisilva, los supervivientes de la glaciación
Esta cresta retoma, desde otro ángulo, el mismo fenómeno que, unos metros más abajo,
guarda en los canutos de esta sierra un bosque relicto alimentado por la niebla del
Levante — y aquí arriba,
donde ese mismo viento ya no gotea entre hojas de dosel sino que llega seco y sin
freno, la historia se resuelve de otra forma. El suelo es arena suelta y ácida,
lavada durante siglos hasta quedarse casi sin nitrógeno disponible: muy pocas
plantas comunes prosperan aquí sin ayuda. La sensación es de cielo abierto, matorral
bajo y aire que no descansa nunca, muy distinta de la penumbra húmeda de los canutos
vecinos. Lo que detiene el paso es una hoja alargada cubierta de gotas que brillan
como rocío incluso en pleno agosto — gotas que no sirven solo para atrapar insectos,
como parece a primera vista, sino que resuelven una carencia doble de un modo que
ninguna otra planta de la sierra ha conseguido igualar.
Sensaciones
Calor, Sequedad, Textura, Viento en el cuerpo
Tiempo
1 h 15 min
Esfuerzo físico
Medio
Tipo de experiencia
Observación tranquila
Indicado para
Solo / pareja, Grupo
Lugar
Cádiz
Media
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