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La sabina que siembra el zorro

La laguna dulce que flota sobre un fondo salado

Cómo leer el agua salobre

La Laguna del Tobar forma parte de una colección que estudia quién siembra la sabina y los demás árboles en las parameras y cañones calizos del este de Guadalajara y de la Serranía de Cuenca, y muestra aquí un lugar donde el agua, en lugar de faltar, se acumula en capas. La laguna nació de un hundimiento del terreno tras la disolución de las sales del Keuper, y tiene dos cubetas, de unos doce y diecinueve metros de profundidad; en la más profunda, el agua del fondo es unas tres veces más salada que el mar y no se mezcla con la de arriba. Un manantial de unos doscientos cuarenta litros por segundo la alimenta, a través de un conducto de unos siete kilómetros desde Santa María del Val. La sensación es de una calma que oculta un contraste extremo. Lo que detiene es la superposición de dos aguas. La conclusión que se lleva quien mira con atención es esta: cuando dos aguas de distinta densidad se encuentran sin turbulencia, la más ligera flota sobre la más pesada y la frontera entre ambas persiste.

Sensaciones

Frescor, Quietud, Refugio, Silencio

Tiempo

1 h 40 min

Esfuerzo físico

Bajo

Tipo de experiencia

Observación tranquila

Indicado para

Solo / pareja, Grupo

Lugar

Cuenca

Media

6,30 €

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